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    Un año más, en plena Fiesta Mayor de Sta. Eugènia de Ter y a punto de marchar hacia la vecina Villa de Salt a vivir una Diada por la República catalana, recordamos, que no celebramos, de manera crítica y reivindicativa, el Día Internacional de la Alfabetización instaurado por la UNESCO hace 50 años «a fin de movilizar a la comunidad internacional y fomentar la alfabetización como instrumento para empoderar a las personas, las comunidades y las sociedades». No celebramos nada porque no queremos participar en el teatro anual de los discursos sin contenido y fuera de la realidad de los que niegan el derecho universal a la educación por activa o por pasiva. Este año la UNESCO celebra la efemérides con el lema “Leer el pasado, escribir el futuro”. Maco i ben trobat, que decimos en catalán: si es verdad tiene su gracia. Como el mensaje de su Directora General: “El mundo ha cambiado desde 1966, pero nuestra determinación de proporcionar a cada mujer y a cada hombre las competencias, las capacidades y las oportunidades necesarias para hacer realidad sus aspiraciones, en la dignidad y el respeto, sigue siendo inquebrantable.

    La alfabetización es la base para construir un futuro más sostenible para todos”. Pero tanta retórica, tanta paja, oculta siempre las causas que mantienen, en plena época de extraordinarias y sorprendentes tecnologías de la información y la comunicación que nos han llevado al paraíso de la tan pomposamente llamada «sociedad del conocimiento», una cruel paradoja: cerca de 800 millones de personas de 15 o más años todavía no saben leer ni escribir. Personas mayoritariamente con un perfil concreto: mujeres, pobres e indígenas o integrantes de minorías étnicas, lingüísticas o religiosas. Algo absolutamente lógico en el marco del sistema capitalista generalizado que vivimos. 

    Y hablamos solamente del analfabetismo absoluto. No entramos aquí al campo extenso de los analfabetismos en plural: el funcional, el de retorno, el digital, el político,… que mantienen permanentemente activa y ocupada la escuela del mundo al revés que nos describe Eduardo Galeano.  

    Pero, a pesar de todo, desde la Asociación de Educación Popular Carlos Fonseca Amador, AEPCFA, volvemos a gritar bien fuerte: ¡No nos resignamos! Y, como se decía en una pancarta de los jóvenes brigadistas que participan en la alfabetización en la costa caribe nicaragüense «Mientras existan iletrados siempre tendremos fuerzas para enseñarles a leer y escribir». Continuamos, pues, la lucha, nuestro compromiso está asegurado. Y este 8 de septiembre continuamos reivindicando la solidaridad. La solidaridad de instituciones, de organizaciones y de personas que quieran soñar con nosotras un mundo culto y alfabetizado. Conscientes de que solo a partir de aquí podremos soñar mundos en paz, más libres y justos.

    Nosotros también, a nuestra manera, queremos hoy “Leer el pasado, escribir el futuro” con un sencillo tríptico: Leemos el pasado con un artículo de Gabriela Selser, sobre su vivencia de la Cruzada Nacional de Alfabetización de Nicaragua, 1980, y escribimos el futuro desde el afecto que une dos mares hermanos, el Caribe y el Mediterráneo, con una crónica de la AEPCFA-Girona sobre la cooperación gerundense con la alfabetización de la comunidad indígena rama de la isla de Rama Cay, Bluefields, La cooperación: una fuente de esperanza, y la información sobre el Operativo «El sueño que fue» que pretende reafirmar la solidaridad catalana y de los pueblos de España y de Europa con la Ofensiva final que trabaja por declarar la Nicaragua Indígena Territorio Libre de Analfabetismo. 
    Todo en: http://aepcfagirona.blogspot.com.es/
    Y conscientemente a contracorriente en estas «sociedades líquidas» manufactureras del idiota colectivo no nos cansamos de repetirlo: Continuamos la lucha, mantenemos firme nuestro compromiso y reivindicamos la solidaridad como la inagotable y necesaria fuente de ternura de las personas y los pueblos. 
    Y nada de mirar para otro lado. ¡Nunca!
    AEPCFA-Girona

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