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    La Habana, 19 de agosto de 2016
    Vicentita,
    Gracias por la posibilidad que me ofreces de conversar contigo o más bien de iniciar un diálogo sobre el quehacer de nuestros países a través de lo cotidiano, sin ambiciosas expectativas académicas de la realidad sino reflejando nuestra visión de lo más habitual, visto desde la interpretación ciudadana de nuestras respectivas vidas y realidades.
    Mi nombre creo que no es importante hacerlo público. Nací y me crié en La Habana. Sin despreciar en lo más mínimo los valores culturales, naturales y hasta políticos existentes en países de otras latitudes y sistemas, debo confesarte que cada amanecer y atardecer, cada paso que doy por esta ciudad y otros lugares del país, me confirma que estaba predestinada a vivir en este lagarto verde, al decir del poeta nacional cubano Nicolás Guillén. 
    A ello sumo el convencimiento de que, sin llegar a pensar que todo está alcanzado en cuanto a democracia y libertad, vivo en uno de los países más libres, soberanos y justos del mundo. La política de hostigamiento que los Estados Unidos ha impuesto por 57 años a la Isla ha entrenado a los cubanos en el ejercicio de una peculiar libertad poco común en la actualidad, además de ejercitar permanentemente la creación para enfrentar la escasez de orden material.
    O sea que además de gustarme las expresiones de una cultura de mestizaje, la flora y fauna, los bosques y mares de este pedazo de tierra, defiendo  el proyecto político que apoyamos la mayor parte de los cubanos. No es perfecto, y los retos son innumerables, pero gozamos el extraño privilegio de ser y sentir que somos dueños de nuestros destinos. 

    Saludos, La Habanera.

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