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    Quién hubiese dicho que tres tristes letras juntas pudiesen dar tanto de sí. Sin darme casi cuenta han ido apareciendo en casi todos mis universos cotidianos.
    PET, que en mi ambiente sanitario es una tomografía por emisión de positrones (Positron Emission Tomography), una prueba tan útil en nuestros diagnósticos más delicados.
    PET, el famoso Preliminary English Test con el que Cambridge parece reconocer la capacidad de comunicarse en inglés, y que aparece en ese universo momentáneo en el que debes superar tu “inglés tarzánico”.
    PET, el Politereftalato de etileno con que se fabrican gran parte de los plásticos que pueblan nuestros universos cotidianos. Plásticos reciclables pero no biodegradables y que por mucho que queramos evitarlos nos caen hasta en la sopa.
    PET, mascota pero en inglés, que cada vez se usa más para designar a esos animalitos de compañía, y que por tanto forma parte del universo doméstico de un sinfín de personas.
    PET, que en catalán significa pedo, probablemente sea el significado más universal por formar parte de todos los universos de todos los individuos del mundo mundial.
    Me quiero centrar en su acepción de “mascota” porque creo que es un asunto que traspasa fronteras, no solamente físicas o geográficas sino también éticas.

    En mi día a día sanitario cada vez son más frecuentes situaciones como la que me encontré ayer. Estoy haciendo una prueba respiratoria compleja, larga y costosa a un hombre que padece asma. Sale positiva y me comenta con toda la tranquilidad del mundo que él ya ha notado que todo empezó desde que tiene el perro en casa, que todo el día se lo pasan aspirando “porque deja mucho pelo por todas partes el cabrón” (insulto dicho con un cariño inconmensurable), que ahora parece que no se ahoga tanto porque ya no duerme con ellos en su habitación, que la doctora le ha subido la medicación y también ha notado mejoría,….. Yo iba escuchando desde la sorpresa inicial a la incredulidad, pasando por el cabreo y el arrebato contenido de darle un guantazo a ver si reaccionaba a tanta idiotez concentrada. A cambio le propuse lo más dulcemente que pude:
    ¿Y no has pensado en la posibilidad de deshacerte del bicho peludo en cuestión? A lo que me contestó:
    ¡Imposible! Por dos razones, la primera porque mi mujer me mataría.
    No por dios, no quisiera yo provocar a una asesina en serie. Mucho mejor que te mate el asma, ¡dónde va a parar! ¿Y la segunda razón?
    Porque a mí se me rompería el corazón.
    Pues nada, no he dicho nada. Cómo iba yo a desearte tal cosa…Tú no te preocupes por tu corazón, que ya se te romperán los bronquios solitos, eso sí, al lado de tu mascota que te oiga toser y no se sienta sola.
    Llegué a casa tras una jornada con enfermos respiratorios, de todo tipo y gravedad. Sigo sin saber qué me he perdido por el camino para no entender cómo hemos llegado hasta aquí. Cómo hay personas capaces (y hablo en plural porque son muchas las que trato cada día) de priorizar sus PET a su salud. Sin contar los recursos comunitarios y públicos que se destinan a tratarlos contra problemas de salud provocados; la medicación que deben consumir que sería prescindible; los síntomas tan molestos y agobiantes que soportan…en fin, un compendio de sinrazones que parecen inventadas ¿verdad? Pues no.

    Al tema mascotil, hay que añadir el universo comercial creado a su entorno. Os aconsejo entrar un día en una tienda temática al respecto, como ejercicio de autocontención. Podréis encontrar un mundo paralelo en miniatura: jerséis, chándales, impermeables, botitas, calcetines y gorros para perros; perfumes varios (los más chic llegados de París); bolsos, mochilas y cochecitos para transportarlos cual bebés; chuches, juguetes (que ya quisieran muchos niños de mi pueblo tener la mitad que algunos animales); peluquería (pueden irte a domicilio para cortarle el flequillo al chucho); ludotecas para perros, donde acuden con sus amos a entretenerse con monitores y juegos dirigidos, no fuera caso que el animal se aburra y piense en malas compañías (probablemente mientras tanto, en la plaza próxima a la ludoteca canina se prohíbe a los niños jugar a la pelota o ir en patinete para que no molesten). Ya no cuento la cantidad de excrementos con que van regando las calles y plazas de la mayoría de pueblos, donde caminar o jugar los pequeños en el parque se convierte en un ejercicio de riesgo en el que un despiste te devuelve a casa apestando. En fin, estoy convencida de que en algún momento me he perdido algo que impide mi comprensión.
    En mi casa de niña y de joven siempre hubo perros. Los alimentábamos, los cuidábamos, jugábamos muchísimo con ellos (interactuábamos como ahora se dice), también eran un elemento más de la casa. Pero respetábamos su especie no intentando convertirlo en lo que no son: humanos. Entiendo y aprecio a todos aquellos que siguen compartiendo su vida con animales en estos términos.
    Lo más duro de todo es que muchas de las personas que hoy día son incapaces de renunciar a acoger su PET, ven la acogida de otras personas (que sí son de su misma especie) como una invasión o como mínimo una incomodidad y un esfuerzo que no están dispuestos a hacer. Así van pasando las noticias de naufragios de inmigrantes o campos de refugiados aplaudiendo los gobiernos que velan para que no lleguen hasta aquí.

    En fin, esperemos que algún día le podamos dar la vuelta a algunas cosas, y que enfermemos solo por mala suerte; que la ropa, las galletas y los juguetes sean consumidos por nuestros congéneres; y que ver naufragar una patera y  huir familias de la guerra nos conmueva el sentido del acogimiento. Que quizás el PET catalán vuelva a ser la acepción de la palabra más sencilla y liberadora para todos.

    Pilar Parra La Guerrilla Comunicacional

    P/D.- Tras poner el punto final leo en https://www.publico.es/sociedad/municipio-tenerife-crea-ayudas-mascotas.html que “La Laguna: Un municipio de Tenerife crea ayudas para las mascotas de los dueños sin recursos. La ciudad de La Laguna contará con una partida de 31.950 euros para garantizar la atención, las esterilizaciones y los cuidados veterinarios que los propietarios no puedan sufragar.” Lo dejo aquí.

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