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    El confinamiento al que nos obliga el gobierno del estado para la gestión del coronavirus está siendo aprovechado por buena parte de la población para cocinar, hacer deporte en casa, leer, tomar el sol en la terraza, conocer a sus vecinos de balcón, cantar, aprender mil cosas en webinars gratuitos y directos de Instagram, etc. Parece que si no estás encontrando tu paz interior, creciendo como persona, autoconociéndote y superando los limites de tu “yo corpóreo” no éstas haciendo bien las cosas o, peor aún, eres un egoísta por no entender tu responsabilidad ciudadana en esta crisis. Tienes la obligación de ponerle una sonrisa a esta horrible situación.
    Sinceramente, a pesar de que no puedo negar que en ciertos momentos he agradecido la paz del confinamiento, he de decir que no he mejorado como ser humano gracias a él. No soy más solidaria con mis vecinos, no he hecho nada de deporte y no he visitado ningún museo online, aunque sí he comido mucho más de la cuenta. Lo que tampoco he hecho ha sido salir a aplaudir al balcón cada día a las ocho de la tarde, a pesar de ser muy consciente del gran esfuerzo que el personal sanitario está realizando en estos momentos. Y no lo he hecho porque creo firmemente que no son los héroes y heroínas del siglo XXI, sino los mártires de un sistema sanitario recortado hasta la saciedad, maltratado y exhausto, y no pienso velar con mi aplauso la responsabilidad que tiene el gobierno sobre la situación que están viviendo estas personas y las muertes que esta crisis está generando a causa de la privatización del sistema sanitario que debería ser de todos. 

    La emotiva foto de una enfermera llorando tras trabajar 53 horas
    y el mensaje de apoyo de su hermana.
    (La Vanguardia)

    La asociación Mal del Cap, hermana de La Guerrilla Comunicacional en Ibiza, está llevando a cabo una serie de charlas a través de Youtube, “Converses Mal Dites”, y el otro día hablaron con Vanessa Pérez Gordillo(1), autora de “La dictadura del coaching”(2). Uno de los temas que salió en esta conversación, y que me hizo pensar mucho en el momento que estamos viviendo, es la superficialidad con la que la filosofía del coaching aborda las situaciones de la vida y el egocentrismo con el que las trata. “Si yo me esfuerzo, yo lo conseguiré”, como si no hubiera en el mundo más factores que nuestra propia voluntad a la hora de conseguir lo que queremos. Esto puede generar mucha frustración y mucha culpa en aquellas personas que, por más que se esfuercen, no consiguen sus metas, pero sobretodo, elimina la responsabilidad de entes en jerarquías superiores. Es decir, yo deseo que se acabe de una vez por todas el confinamiento y poder abrazar así a mi familia y a mis amigos. Lo deseo muy fuerte, me esfuerzo mucho en no salir a la calle si no es imprescindible, en lavarme las manos y en llevar mascarilla. Pero no puedo controlar lo que hacen mis vecinos y, muchísimo menos, puedo controlar lo que hace el estado. Por lo tanto, no veo que mi deseo se vaya a cumplir pronto.

    Los niños inundan con sus dibujos las ventanas de todo el país: “¡Todo va a salir bien!”(LaSexta)

    No tengo intención de criticar los carteles con arcoíris que las criaturas han colgado en los balcones y ventanas de sus casas con el mensaje “todo saldrá bien”, porqué justamente a su edad merecen tener esperanza y alegría incluso en los peores momentos. Pero los adultos no debemos caer en ese discurso naíf. Estamos encerrados por la ineptitud de un gobierno que no reaccionó a tiempo a pesar de tener experiencias de otros países de las que aprender, que no facilitó el material de protección necesario al personal sanitario, que insistió vergonzosamente en dar una respuesta unitaria al virus confundiendo el sentido común con el nacionalismo, y que ha dejado claro que antepone la economía a la vida. Justamente es también el sistema capitalista el que nos ha llevado hasta aquí. Las mascarillas han aumentado hasta un 500% su precio habitual, unas mascarillas imprescindibles para las trabajadoras de hospitales pero también para todas las demás. Eso significa que hay empresarios, seres humanos, que han decidido sacar tajada de la muerte de miles de personas que, además, a menudo mueren solas sin poder despedirse de sus seres queridos. No soy capaz de imaginar qué tipo de “yo interior” se ha trabajado el monstruo que se enriquece subiendo el precio de las mascarillas para no sentir remordimiento por ello, pero soy consciente que lo mismo sucede con el precio de la vivienda, por ejemplo. No estamos ante un caso aislado que desaparecerá cuando “todo vuelva a la normalidad”. Esta es nuestra normalidad y no lo queremos ver.
    No va a salir todo bien. De hecho, todo está saliendo mal desde hace mucho tiempo y todo irá a peor si no hacemos algo. Dejémonos de mirar el ombligo y de intentar crecer como personas y tratemos de crecer como sociedad, en conjunto, de forma crítica y colectiva. No nos conformemos con aplaudir durante un par de minutos al día si después vamos a seguir avalando con nuestro pasotismo y nuestro voto los recortes en sanidad. No aceptemos todo lo que se nos da tan masticado a través del televisor y las redes, e intentemos ir un poco más allá, ser más críticos. No pensemos que todo saldrá bien si queremos, seamos conscientes del mundo en el que vivimos y de donde están los verdaderos responsables.

    Clara Castrillo

    La Guerrilla Comunicacional

    (1).-https://www.youtube.com/watch?v=NhnioaMmauI&feature=youtu.be
    (2).-https://www.txalaparta.eus/es/libros/la-dictadura-del-coaching

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