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  • A raíz del asesinato de George Floyd a manos de varios agentes de policía en EEUU, se han desatado una serie de manifestaciones no solo en ese país sino a nivel mundial. En el estado español se ha cubierto la noticia desde los medios de comunicación tradicionales como algo casi aislado en el tiempo –ahora- y el espacio –allí-. Lamentablemente, la lucha de los negros americanos por sus derechos no es nueva: recordemos a Rosa Parks, Martin Luther King, Malcom X, Angela Davis o los Black Panthers. Con el hashtag #BlackOutTuesday, el pasado dos de junio miles de muros de Instagram se tiñeron de negro en apoyo a la lucha por los derechos de los negros en EEUU, también en el estado español. A pesar de que se trata de un bonito gesto de solidaridad, deberíamos aprovechar el momento de sensibilidad con el tema para hablar del racismo y de la violencia policial que sufren los inmigrantes en nuestro país. Que ya sabemos lo fácil que es ver la paja en el ojo ajeno y lo difícil que es ver la viga en el nuestro.
    En España, el racismo que padecen las personas racializadas es más difícil de detectar que el que pueda sufrir la comunidad negra en EEUU. En primer lugar porque, por su situación de extrema pobreza, quienes sufren una agresión de este tipo a menudo no saben cómo denunciarla, especialmente si ha sido a manos de la policía. En segundo lugar, porque no se habla de ello: el mito de la Europa acogedora y solidaria ha quedado más que descalificado, pero parece que el discurso oficial –que no los actos- insisten en mantener viva esa idea.

    Relación de las diferentes agresiones racistas por parte de los cuerpos de seguridad del estado durante el confinamiento, elaborada por Rights International Spain y publicada en su informe “Racismo y xenofobia durante el estado de alarma en España”

    ¿Cuántas personas mueren cada año en las costas del Mediterráneo español después de lanzarse a la mar en embarcaciones precarias y sin saber nadar? ¿Cuánta gente malvive hacinada en los CIES? ¿Cuántas “devoluciones en caliente” se ordenan cada mes? ¿Cuántos niños y niñas son atacados en los centros de menores por sus propios vecinos? Tampoco andamos cortos de agresiones por parte de las fuerzas del orden. Sin ir más lejos, hace escasos días SOS Racisme decidió hacer público un audio de los insultos y las vejaciones que había sufrido un ciudadano negro por parte de unos Mossos de Esquadra. 

    Viñeta de Javi Royo

    Los nombres de Lucía Pérez, Ilias Tahiri o Mame Mbaye deberían resultarnos tan familiares –o más- como los de George Floyd o Breonna Taylor. En lugar de escandalizarnos por el evidente racismo estructural en EEUU, aprendamos de su lucha para hacer lo propio en nuestras comunidades. Salgamos a la calle con nuestros hermanos y hermanas racializados y pongamos fin de una vez por todas al racismo institucional y a la brutalidad policial. Hagamos nuestro el hashtag de moda en EEUU, #defundthepolice, que propone reducir drásticamente la inversión en policía para dedicar esos fondos a educación, sanidad y servicios sociales. En una sociedad educada y con las necesidades básicas cubiertas la policía podría prácticamente desaparecer. Pero claro, no es ese el tipo de sociedad que interesa…

    Clara Castrillo

    La Guerrilla Comunicacional

    Perfiles en Redes Sociales