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  • En la provincia de Granada todo el mundo los conoce y los respeta por su intachable trayectoria de lucha, compromiso, coherencia y convicciones. Se trata de Luis López García, el primer alcalde democrático y comunista que tuvo Maracena después de la larga noche de la dictadura franquista, y de su compañera María Rivas García, o Maruja, como la llamamos. A sus más de ochenta años y su mochila de achaques a la espalda, no faltan a una movilización, ya sea exigiendo reparación y justicia en recuerdo de las victimas del franquismo; intentando frenar un desahucio; apoyando a la sanidad pública; exigiendo derechos laborales; apoyando a las víctimas de la violencia de género; el 1º de Mayo y el 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora que, casualmente, es el cumpleaños de Maruja. 

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          O, tal vez, no sea tan casual que Maruja, que lleva trabajando desde los siete años pero que nunca tuvo un contrato de trabajo, naciera el día en el que se reivindican los derechos de todas las mujeres: el 8 de Marzo. Creo que estaba predestinada.  

           Dicen que “detrás” de un gran hombre siempre hay una gran mujer. Pero yo no estoy de acuerdo. Yo pienso que al lado o delante de un gran hombre, casi siempre hay una gran mujer. Ese es el caso de Maruja. Nacida y criada en Maracena, un municipio de la Vega de Granada que hoy tiene más de veinte mil habitantes pero que, por aquel entonces, era un pequeño pueblo agrícola, tuvo que dejar el colegio a los siete años para cuidar de sus abuelos mientras sus padres trabajaban en el campo. 

            A los 14 años inició su noviazgo con Luis, cinco años mayor que ella, un joven pintor de brocha gorda que llegó a Maracena procedente de Polopos, un pueblo de la Alpujarra granadina. Él ya sabía lo que era la lucha por la LIBERTAD (la de verdad, no la que ahora manosean y ultrajan los herederos de aquellos  que la secuestraron durante más de cuarenta años). Tal vez Luis también llegó a este mundo predestinado, porque nació “el mismo día que empezaron las bombas”, como él mismo cuenta: el 21 de julio de 1936, tres días después del golpe de Estado y alzamiento militar fascista.

        “Mi madre era de los rojos – ha contado en más de una ocasión, – a su primo le decían El Polopero, un maqui que durante años formó parte de un grupo guerrillero que tuvo que huir a la sierra y que murió en un enfrentamiento con la Guardia Civil”.        De aquellos años recuerda la temida y constante presencia de la Guardia Civil en su pueblo natal. 

           Un día, viviendo ya en Maracena, mientras caminaba por la Era Baja, Luis encontró un panfleto del Partido Comunista y se dio cuenta de que aquellas ideas eran las mismas que él defendía, así que decidió afiliarse. Corría el año 1958 cuando ingresó en la Peña de los Celtas, una tapadera  de  cobertura clandestina para ocultar la verdadera militancia en el PCE. Dos años más tarde lo detuvieron junto a otros integrantes de la Peña acusados de “asociación ilícita”. Pasó  dos meses en la cárcel y le impusieron una multa de 25.000 pesetas. Esa fue la primera vez que Maruja, con apenas 18 años, lo visitó en la cárcel provincial de Granada.  

          Cuatro años después, el 8 de noviembre de 1964, Luis y Maruja se casaron sellando una unión que se mantiene por más de medio siglo. Quizás, el secreto de esa unión es que se complementan en la diferencia de sus caracteres. Luis, que proviene de las altas montañas, es un filósofo, un idealista, calmado y dialogante. Maruja, que nació en el llano, en tierra de terremotos, es más terrenal, más fogosa, dotada de un instinto y un ojo clínico para calar a las personas que rara vez se equivoca.   

          La segunda vez que Luis estuvo preso fue por su participación activa en la huelga  de la construcción y en la manifestación del 21 de junio de 1970, brutalmente reprimida con el balance de tres obreros muertos y decenas de heridos. “Uno de esos muertos, Antonio Huertas, iba conmigo en la manifestación” – nos cuenta – “de repente, en medio de la carga policial, lo perdí de vista. Su cuerpo apareció dos días después, morao de los palos que le dieron.”

            A Luis lo condenaron a 12 años de cárcel, pero sólo cumplió unos meses, porque el régimen quería lavar su imagen y ofreció un indulto. En aquellos años continuó con su militancia política y sindical, siendo uno de los fundadores de las Comisiones Obreras en la provincia de Granada.  

            En esa década de los setenta, leyendo el periódico, vio en los anuncios por palabras que se vendía una casa en Viznar. Tal vez por la nostalgia de la montaña, fue a ver la casa, medio derruida, colgada en el barranco. Mientras esperaba que el dueño recogiera la llave para enseñársela, oyó a dos vecinas cotillear que se trataba de la Casita de Papel, la que estaba junto al sitio de las Colonias donde Lorca estuvo preso. Eso fue lo que lo decidió a comprarla. Poco a poco, entre él, su esposa Maruja y algunos compañeros de la cooperativa de pintores en la que trabajaba, la fueron restaurando. Después conocería la historia completa de esa casa emblemática donde el periodista norteamericano, de origen catalán, Agustín Penón, se hospedó en la década de los cincuenta mientras investigaba sobre el asesinato de García Lorca. 

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            Más tarde llegaría la Transición con la legalización del PCE y las primeras elecciones democráticas. En las municipales de Maracena, Luis era el número dos de la lista que ganó por mayoría absoluta en un pueblo al que ya le decían “La Rusia chica”, por la cantidad de comunistas que contaba entre su población. Al primero de la lista, a los pocos días de ganar las elecciones, los fascistas le dieron tal paliza que abandonó la política, por lo que Luis se convirtió en alcalde de Maracena. Durante su mandato hizo tanto por el pueblo que se ganó el respeto hasta de las monjas y repitió otros dos mandatos también por mayoría absoluta. Doce años al frente de la alcaldía que han sido de los más prósperos de la ciudad. Y Maruja siempre a su lado, participando en los movimientos feministas, organizando actividades culturales y deportivas. Como  anécdota nos cuenta que, para promover el deporte, organizó un maratón popular en el que ella misma participó y llegó la primera.

             Luis le quita importancia a todo eso: “Es más feliz el que ayuda que el que recibe esa ayuda. Yo soy comunista porque creo que hay que transformar la realidad, porque hay que acabar con la explotación del hombre por el hombre. Si un obrero vota al PP, es porque no hemos sido capaces de explicar la situación de explotación.”

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           Cuando Dolores Ibarruri, Santiago Carrillo y Rafael Alberti volvieron del exilio, Luis organizó una visita de Alberti a Granada. Me cuenta que el poeta no quería venir a la tierra donde asesinaron a García Lorca, pero que él lo convenció. Fue hasta Madrid y lo recogió en su coche. Al llegar al límite entra las provincias de Jaén y Granada, Alberti le dijo que parara. Él temió que se arrepintiera y no quisiera continuar el viaje, pero no fue así. El poeta había visto un cartel de la organización fascista Fuerza Nueva, así que se bajó del coche y se orinó en el cartel. 

            Luis detesta que se le hagan homenajes, pero no los puede evitar. Hace tres años, en una auténtica y cariñosa encerrona organizada por Paco Olvera, quien también fue alcalde de Maracena, nos reunimos en la sala de la Cultura de la localidad con el pretexto de proyectar un video que Olvera había filmado con el título: “Los últimos días de Lorca. La Casita de Papel”. En el salón de actos no cabía un alfiler y Luis frunció el ceño y torció el gesto, pero conseguimos que no saliera corriendo de allí. Al terminar el “no homenaje”, como insistió Paco Olvera en llamarlo, Luis tomó la palabra para decirnos: “Todo este esfuerzo que habéis hecho para organizar este acto, lo tenéis que emplear en luchar por cambiar las cosas, en manifestaros. Yo no he hecho nada, aquí hay gente que ha hecho mucho más que yo, así que no sé qué hago yo aquí. Ese que está ahí, – señalando a Enrique Carmona, presidente del Club de Atletismo Maracena- un día lo vi correr y un año más tarde organizó y ganó la primera subida al pico El Veleta. al poco tiempo tenía a 450 niños a su cargo que lo querían casi más que a sus padres. Yo sólo he sido alcalde y eso no es más que ser un trabajador que en lugar de tener un patrón, tiene por patrones a todos los habitantes del pueblo”.     

               Luis y Maruja no han tenido hijos propios, pero somos muchos los que los queremos como si fueran nuestros padres. Y así se lo demostramos cada año, cuando nos reunimos en la Casita de Papel para celebrar sus cumplevidas. Por cierto que el filósofo de Luis siempre dice que no sabe los años que tiene, sino los que ha gastado.   

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    Ketty Castillo

    La Guerrilla Comunicacional

    *Ketty Castillo es periodista y escritora. Es la autora de la novela “La mirada infinita” que podéis encontrar en la librería Ulysus (C/Cort Reial,3) de Girona

    Un pensamiento en “La historia de una pareja ejemplar, la Casita de Papel y el Barranco de Viznar.

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