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  • Quiero estar sola y no puedo.

    Quiero soñar sola y no puedo.

    Quiero elegir sola y no puedo.

    Quiero viajar sola y no puedo.

    Quiero decidir por mi sola y no puedo.

    Quiero no trabajar y no puedo.

    Quiero dejar de atender curas obligadas y no puedo.

    Quiero vivir libre y no puedo.

    Desde mi punto de vista, creo que las mujeres en nuestra infancia hemos tenido un exceso de ayuda y protección de nuestros padres y madres, en la educación recibida y en nuesta orientación de conducta, que no ha permitido el desarrollo de nuestra confianza ni la oportunidad de equivocarnos y autocorregirnos. La (buena) conducta era y continua siendo un puntal para nosotras, que nos valida para ser aceptadas o no, ante una sociedad patriarcal en mayúsculas. Las conductas, o comportamientos, habituales de la gran mayoría de las mujeres se manifiestan con formas y actos para que el resultado final sea la aceptación. Y valdría la pena reflexionar para qué narices buscamos la aceptación de los otros hacia nosotras mismas. El escaparate de la mujer brilla de luz cuando la catalogan de una buena hija, una buena esposa y una buena madre. Me detengo en la palabra esposa, cuya significación nunca me ha gustado, una palabra que considero muy poco apropiada teniendo en cuenta que una de las definiciones que encontramos en los diccionarios la describe como pareja de manillas unidas entre sí con las que se aprisionan las muñecas de alguien.Y si nos fijamos en la definición esposar la define como sujetar con esposas. Y así es como se traduce en un amplio entorno familiar formado por marido y mujer donde un gran número de mujeres se sienten atrapadas y sujetas, esposadas, a las formas convencionales para ser aceptadas como excelentes esposaa.

    Me parece muy importante el hecho de ser capaces de comprometernos a ser sinceras y auténticas con nosotras mismas, porque la mayoría de las mujeres, por no decir todas, hemos sido educadas para la dependencia.

    Si somos aseverativas y nunca nos callamos seguramente nos llamaran “brujas”, lo cual me remonta histórica y simbólicamernte a los hechos que acontecieron entre los siglos XV y XVIII en  Europa y que desencadenaron una represión brutal de persecución y asesinatos de mujeres que las creian poseidas por el demonio, represión conocida como la caza de brujas, y que más que poseidas por ese mal podríamos decir que fue una cuestión socioeconómica por el papel que ocupaban las mujeres en sus comunidades, en la cohesión social y en el mantenimiento de su comunidad, resistiéndose a la probreza y a la exclusión social. Una actitud que representaba un peligro para  las nuevas estructuras de poder cuyo objetivo era la desintegración de las formas de agricultura comunal y de cualquier otra forma que no fuera sumisión y obediencia al nuevo poder para control y dominio del campesinado y la clase trabajadora.

    Dicha situación aún se repite en nuestros tiempos, silenciada y ocultada por los medios de comunicación. En Ghana, por ejemplo se han creado los llamados “campos de brujas”, donde se recogen a mujeres, sobretodo mayores, y acusadas de brujeria, cuando en realidad el gobierno y los poderes fácticos tratan de generar y alimentar la creencia en las brujas para justificar la expropiación de las tierras,siguiendo las orientaciones del comercio neoliberal cuyo objetivo es desestructurar las comunidades rurales. La escasez de tierras de cultivo aumenta las tensiones y la intensidad de los conflictos en las comuniadades. Los grandes poderes del comercio saben perfectamente que un pueblo dividido no tendrá la fuerza para luchar e impedir que alguien de fuera les arrebate sus tierras y a cambio simplemente les prometa un trabajo. Este ejemplo de Ghana es uno de los muchos que podemos encontrar en otros paises de África.

    Volviendo de nuevo a aquí, a nuesta sociedad de hoy, donde no dejo de observar a la mujer como  florero en muchos escenarios de su vida. No hay más que observar los anuncios de televisión donde la mayoría de ellos muestran en algún momento la imagen de una guapa y jóven mujer con un aspecto físico impecable. O qué decir de los horribles programas televisivos de concursos donde siempre aparece la chica con un físico envidiable mostrando un panel o sosteniendo cualquier cosa absurda. Eso sí, no tienen desperdicio los anuncios de juguetes de la época navideña, donde queda bién diferenciado los juguetes para niñas y los de niños. Me parece un acto aberrante de adoctrinamiento cuando a las niñas se las asignan las cocinillas o los cochecitos de paseo de bebés y a los niños los juegos de play, por poner un ejemplo.

    Me parece importantísimo que seamos conscientes y estemos muy atentas a los momentos que en nuestro día a día nos topamos con connotaciones que nos enmarcan como mujeres de postín, sin poder alzar la voz, por miedo a sentirnos rechazadas. Cuando decimos un “sí” pero realmente sentimos que tenemos que decir un “no”, es importante no sentirnos condicionadas por nada y por nadie cuando relamente queremos decir el “no”.

    Aplaudo alzada y con entusiasmo el desgarro que han tenido muchas mujeres por eliminar el “no puedo” de sus vidas frente a los estándares que nos han inculcado desde bién pequeñas.

    Lola López

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