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    De la misma forma que escuchamos en una estrofa de la canción “Monólogo” de Silvio Rodríguez:

    …/…

    Favor, no se molesten,

    que casi me estoy yendo;

    no quise perturbarles

    y menos ofenderlos.

    …/…

    de esta forma, sutil y sibilina, nuestra querida Regla Díaz se ha ido y nos ha dejado un humilde vacío que, difícilmente, podremos volver a rellenar.

    Reglita era nuestra embajadora en La Habana, una guerrillera más, una cubana de a pie, amante incondicional de su país, sus playas, su gente y su revolución. Era la Habanera. Colaboraba con nosotras, de la misma forma que lo hacía con todo el mundo de la solidaridad con Cuba. Aún releemos sus cartas que dirijía a la Vicentita y que, en definitiva, lo hacía para todas las personas que querían saber de su país que no fuera a través de los medios de desinformación. Saboreamos cada uno de sus relatos, sus historias o descripciones de ese maravilloso país con forma de lagarto, como ella decía y que escribió en ese maravilloso libro que editamos titulado “Tengo algo que contarte”.

    …/…

    Vi luz en las ventanas

    y juventud cantando

    y, sin querer, ya estaba soñando.

    …/…

    La profe, así la llamaban también, era profesora en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) Raúl Roa García de La Habana. Siempre que nos hablaba de sus clases, sus alumnos y su relación con ellos, le brillaban los ojos. Le encantaba relacionarse con las y los jóvenes, analizar con ellas las situaciones geopolíticas y debatirlas. Ella estaba ilusionada con la juventud cubana y creía en ella como futuro asegurado para (y por) la revolución.

    Pero lo que más le gustaba a Reglita era el mar. Para ella imprescindible. Ya fuera en las pozas de su pequeña Costa Brava, zona rocosa y punzante del litoral en el reparto Camilo Cienfuegos, o en las Playas del Este, siempre que podía ahí estaba ella sumergida, nadando libremente como sirena enamorada de la vida y el placer de vivirla.

    Y entre sus numerosas virtudes estaba su incansable lucha por conseguir un mundo mejor, solidaridad entre los pueblos y respeto para su Cuba. Sus palabras siempren iban acompañadas de argumentos. Tenia la humilde virtud que antes de hablar de cualquier asunto, contrastaba la información, la analizaba y, solo entonces, hablaba, con datos y con la seguridad de lo que estaba diciendo. Sus palabras eran disparos de conocimiento que te dejaban felizmente herida de razonamiento.

    …/…

    Como la noche avanza

    los dejo con la danza,

    el canto y la cultura.

    …/…

    Reglita marchó, no sé si eligió un son cubano o un bolero, que romántica era un rato, pero estoy segura que se fue cantando y bailando, con la alegría que ella siempre desprendía. Se llevó su música, textos y algún que otro poema, porque allá donde esté seguirá en la orilla de cualquier mar, leyendo y escuchando sus canciones predilectas, mirando al infinito y por todas nosotras.

    Juli Suàrez

    La Guerrilla Comunicacional

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