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    Reglita, amiga, hermana, hermana mayor como tú misma te adjudicaste en esta familia de acá, del otro lado del charco. Tantas cartas como nos hemos escrito y ésta es la única que no hubiese querido escribirte nunca. 

    Como decíamos a menudo, conocernos fue un regalo de la vida. Aprendimos mucho recíprocamente, yo siempre con la certeza de tener la balanza a mi favor en cuanto a aprender de ti. Fuiste un compendio para entender qué cosa es la revolución; cómo y porqué se puede amar tanto a un país que se mantiene vivo a pesar de todos los intentos por matarlo; cómo las penurias y desastres (naturales o provocados) se pueden superar con infinito tesón y esperanza; cómo en un entorno hostil y opresor se puede avanzar y ser un ejemplo en solidaridad. Podría seguir contándote muchas más cosas que aprendimos contigo. Conocedora de las dificultades actuales y de los retos futuros, siempre tuviste claro el único camino que no se podía abandonar, el socialismo. En un formato u otro, pero sus valores eran los únicos que podrían mantenernos mínimamente al margen de esta vorágine depredadora a que nos aboca el capitalismo, y no perder la esencia humana que cada día vemos más difuminada. Como tú decías, ¡tremendo reto!, pero era tan necesario como urgente plantearlo. Y cuando venía planteado por ti,  que como buena cubana era capaz de reírse de su sombra, que era capaz de troncharnos de risa hablando de puras miserias,  que la convicción y la experiencia la servías envuelta en optimismo, al final acabábamos convencidos que era posible. Que es posible.

    En la última carta te había tejido un suéter, ¿recuerdas?

    …..

    (Y aunque hasta ahora te haya contado sobre tantos temas que nos atropellan, en realidad y sobretodo quería hablarte sobre nosotras; sobre los malos momentos en salud a superar, sobre la tremenda fuerza que se saca de no se sabe dónde para luchar contra la adversidad; de lo afortunadas que somos por tener unos sistemas sanitarios tan buenos; de lo lejos que estamos y de lo que nos queremos, mandándonos ese cariño océano arriba y abajo pero llegando siempre los ánimos, los abrazos y besos, quién sabe si transportados por olas y nubes cómplices.

    A mí este caos mundial me ha sorprendido ya recluida en casa, con un pie operado y caminando de forma ortopédica como pato mareado. Nada importante ni grave, solo lento y molesto.  A ti te sorprendió también operada, descubriendo la manera de no dar cancha a la enfermedad, y haciendo del ánimo una madeja delicada, a punto de romperse a veces, pero de hilo irrompible e infinito, capaz de ir envolviendo y fortaleciendo las situaciones más frágiles. Y en medio de este gran caos mundial, se van librando los pequeños caos personales y domésticos. La ciencia nos acompaña y nos ampara; el resto, la resistencia, la positividad y las ganas las ponemos nosotras. Hemos hablado y coincidido muchas veces sobre este tema, cuando decimos que la parte más íntima, más anímica, más emocional es una parte decisiva sobre la física, la orgánica. ¿Recuerdas cuánto hemos reflexionado sobre ello? ¿Y cómo reafirmarlo nos apuntalaba mutuamente? Pues bien, amiga mía, ahí seguimos apuntaladas, en la lucha sin cuartel a la enfermedad, y devanando constantemente esa madeja de ánimos, tejiendo ese infinito hilo para que no se rompa, tejiendo y tejiendo un lindo suéter que te abrace cuando lo necesites. Es lindo de veras, ahí te lo mando, es válido para todos los climas y estaciones. Te lo podrás seguir poniendo cuando haya pasado todo y dirás: ¡pero qué guapa estoy, hay que ver qué bien me sienta el color de los besos!

    Mi amiga, te envuelvo el suéter en mi más fuerte abrazo.)

    Reglita, tengo aún tantas cosas que contarte…. Ahora que ha pasado un tiempo, pero de nuevo volvió el frío, sólo se me ocurre mandarte el suéter.

    Gracias por todo, hermana. Por existir y por compartirnos. Que el suéter consiga mantener el calor que te enviamos todos desde acá. Hasta siempre compañera.

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    Vicentita